
En ciertas ocasiones,cazando o regresando a su rancho a altas horas de la noche,un lugareño mira hacia el horizonte y descubre una luz. Al acercarse empieza a definir el objeto. Es una fogata, demasiado grande como para pertenecer a algún campamento.
Cuando se acerca, comprende el origen de aquel fuego: un árbol se está incendiando. Observa cómo se van consumiendo las ramas y cómo se desprenden brasas y hojas carbonizadas. No existe explicación para este fenómeno. La noche está despejada, libre de tormentas eléctricas, y no es un sitio adecuado para que alguien pueda detenerse y desencadenar la quemazón. El lugareño se va pero decide regresar al día siguiente y cuál no será su sorpresa al descubrir que el árbol que ayer había visto desintegrarse por las llamas, ahora está verde, reluciente y sin rastros de cenizas.
Este relato es un típico ejemplo de lo que se conoce como "incendio fantasmal". La quema suele suceder entre el anochecer y la madrugada. La mayoría de los casos se refieren a árboles de seibo, curupí, laurel criollo, ecucalipto,ombú, pino y ciprés. Siempre se trata de especies que se destacan en su contexto. Las explicaciones para este fenómeno responsabilizan por estos hechos a "cosas que no son de este mundo", a "aparecidos". Otra versión asegura que los incendios de seibos podrían tener relación con indios muertos en un remoto pasado.






























