Tradicionalmente se asocia a la bola de cristal con las artes adivinatorias, sin embargo, se trata de uno de los objetos mágicos por excelencia. A través de ella, los sensitivos y videntes captan imágenes o sensaciones que les sirven como respuesta o presagio de futuro.
Su origen más remoto se encuentra en las esferas cristalinas o minerales que ya utilizaban los egipcios.
En unas excavaciones localizadas en el valle del Tigris y del Eúfrate, se descubrieron setenta esferas que pudieron haber pertenecido a un templo situado en la antigua Ur, actualmente Irak.
El funcionamiento de la bola de crital es relativamente sencillo. El clarividente, tras relajarse y formular una pregunta mentalmente o en voz alta, fija su mirada en el centro de la bola. Se concentra y espera percibir una imagen que le sirva de respuesta. El tipo de imagen recibida, el tono cromático, el movimiento de la visión e incluso la sensación percibida, servirán como pautas interpretativas y de contestación.






























